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En estos últimos años, las estadísticas de los centros de atención primaria  indican que ha aumentado considerablemente la incidencia de casos de ansiedad y depresión entre la población española. La depresión es una enfermedad multifactorial regulada e influenciada por factores ambientales, genéticos, hormonales, bioquímicos y procesos neurodegenerativos, oxidativos e inflamatorios,  que a su vez están estrechamente correlacionados con la calidad de la dieta.

Son varios los estudios epidemiológicos que alertan de la fuerte asociación que existe entre sufrir ansiedad y/o depresión y la baja calidad de la dieta. Pero,  ¿que entendemos para baja calidad de la dieta? En este punto es donde no todos los autores coinciden, aunque existe un patrón común que se repite: baja ingesta de fruta y verdura y excesivo consumo de carnes grasas, embutidos, cereales refinados, azúcares y bebidas azucaradas, y derivados lácteos enteros (es decir con toda su grasa).  Este patrón de consumo se conoce como “Western diet” o patrón de dieta occidental y está asociado a unos elevados índices de mortalidad, de enfermedades cardiovasculares (hipercolesterolemia, hipertensión, infarto agudo de miocardio, accidente vascular cerebral), obesidad, diabetes, además de un mayor riesgo de sufrir ansiedad y/o depresión.

En 2010, la prestigiosa revista American Journal of Psychiatry  publicó los resultados de un estudio llevado a cabo en 1046 mujeres de edades comprendidas entre 20 – 93 años. Entre sus conclusiones destacaron la asociación inversamente proporcional que existe entre la calidad de la dieta y la prevalencia de  trastornos mentales como la depresión y la ansiedad. Resultados similares obtuvieron Akbaraly TN et al, de la London University College, en una cohorte de 3486 participantes, entre los cuales, los consumidores de una dieta rica en alimentos procesados (embutidos, bollería industrial, alimentos ricos en grasas saturadas y productos azucarados) presentaron un riesgo 1.5 veces mayor de sufrir depresión frente los consumidores de dietas ricas en alimentos integrales (frutas, verduras y cereales enteros).

Otros estudios prospectivos, como el estudio ATTICA y GAZEL, con cohortes de más de 10.000 individuos y 10 años de seguimiento a la misma cohorte, han observado una asociación preventiva de sufrir depresión y/o ansiedad en aquellos que seguían una dieta vegetariana o una dieta rica en frutas, verduras, cereales integrales, legumbres y pescado frente a los consumidores de una “western diet”. En nuestro país, los investigadores del proyecto SUN (Seguimiento Universidad de Navarra), una cohorte con más de 8000 participantes, observaron una tasa de riesgo relativo de 1.36 entre aquellos que tenían un consumo moderado y/o alto (consumidores entre los quintiles 2 y 5) de productos de bollería industrial (donuts, madalenas, croissants, etc) y/o de “fast food” y el riesgo de sufrir depresión con respecto a los que tenían consumos más bajos de dichos alimentos.

Por último, resaltar una vez más los beneficios de la dieta mediterránea en la prevención de la depresión y ansiedad. Investigadores de la Waggeningen University (Holanda), han observado que el consumo de una dieta “mediterránea” en las mujeres de edades comprendidas entre los 50 – 55 años, podría ejercer una influencia protectora frente a los síntomas de depresión.

De esta manera, el potencial impacto negativo de la dieta en la patogénesis de la depresión y la ansiedad es un factor importante a tener en cuenta, pues puede agravar la sintomatología de estos trastornos e instaurar un círculo vicioso difícil de romper.

Por tanto, en aquellos casos en que se sospeche o se diagnostique un trastorno de depresión/ansiedad, recuerda que:

1. En primer lugar es conveniente consultar a un profesional sanitario especialista en trastornos depresivos o de ansiedad para que te prescriba el tratamiento psicológico y/o farmacéutico adecuado para tu situación particular

2. En el caso de tomar medicación para estos trastornos, consulta con el especialista si existe alguna interacción fármaco-nutriente que impida la absorción de algún nutriente esencial

3. Acude a un dietista-nutricionista para valorar si tus hábitos alimentarios son correctos y en caso contrario, plantear que cambios se deben hacer en tu alimentación. Es importante realizar una dieta sana, equilibrada y variada donde abunden frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y pescado.

4. Realiza ejercicio físico a diario. No es necesario acudir a un gimnasio ni hacer maratones si no lo has hecho nunca, simplemente puedes pasear a buen ritmo, ir a clases de baile o realizar cualquier actividad que te guste y motive para no quedarte anclado en el sofá.

5. Y por último, tomate las cosas con calma y evita las situaciones de estrés. Recuerda, ante todo, mucha calma y buenos alimentos.

 @RaimónMilà by Mi Dieta Me Mata

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