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Dietista y la pirámide nutricional

Entre los días 6,7 8 y 9 de noviembre se ha celebrado en la localidad italiana de Garda, cerca de Verona, el séptimo congreso DIETS (Diets Improving Education and Training Standards) organizado por la EFAD (European Federaton of Associations of Dietitians). La temática principal de este año han sido las enfermedades no transmisibles, tales como: obesidad, cáncer, hipertensión, diabetes tipo 2, hipercolesterolemias y síndrome metabólico.

A lo largo de estos días iremos colgando los resúmenes de las ponencias de trabajo y aspectos importantes sobre las competencias y habilidades del dietista-nutricionista en el ejercicio de la profesión y sobre las estrategias en formación continua que cada uno de nosotros deberíamos hacer para mejorar en nuestra capacitación. De momento, permitirme que os haga una reflexión personal sobre lo que he podido constatar. Bajo mi punto de vista, hay alguna cosa que no funciona bien en nuestro país, y dijo esto después de estar hablando con distintos responsables y coordinadores de universidades y asociaciones europeas de toda Europa. Tengo la sensación de que estamos a años luz de muchos de estos países (sobre todo de Inglaterra, Holanda, Alemania o Portugal mismo) en cuanto al reconocimiento del dietista-nutricionista como profesional no solo de salud sino en mucho otros ámbitos como la industria, la administración pública o los centros de investigación. Es verdad que en los últimos años la situación ha mejorado sustancialmente, pero aun así, seguimos estando en la cola de los países europeos. En estos países, los dietistas son una parte fundamental y estratégica tanto en las administraciones en salud pública como de los sistemas nacionales de salud (hospitales, centros de atención primaria y centros de investigación) y en empresas del sector de la alimentación. Por poner un ejemplo, un grupo de dietistas expusieron los resultados obtenidos en un proyecto que llevaron a cabo en varios hospitales alemanes sobre el impacto de la práctica profesional del dietista en el tratamiento de la obesidad y la repercusión en el gasto público.  Los resultados, no por menos esperados, fueron realmente impactantes: los beneficios sociales del ejercicio del dietista en la prevención y/o tratamiento de la obesidad generó un total de entre 0.4 a 1.9 billones de euros en beneficios sociales, tales como: mejora de la salud en general (con la consecuente reducción de gasto médico), menor consumo de fármacos o mayor productividad laboral. Y no solo eso, en muchos países, los dietistas ocupan cargos de responsabilidad en campañas de promoción y formación en salud. Con esto no quiero decir que aquí en España no se nos reconozca, pero evidentemente no a los niveles en que se hace en otros países, ni tampoco estamos presentes en todos los campos en que podríamos o deberíamos estar.

En definitiva, tengo la sensación que aún nos queda mucho camino por recorrer y muchos ámbitos en los que participar, desde la docencia, la investigación, la práctica clínica y profesional y la administración, y esto sólo se conseguirá mediante la formación constante para potenciar no solo nuestras habilidades, aptitudes y capacidades dentro del ámbito de la dietética y la nutrición, sino para promocionarnos y hacernos más visibles entre las administraciones, los centros de investigación, las empresas  y el público en general.

Dieta, DIETS, Europa, Nutrición, Verona

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